En el marco de su 160 aniversario, Zenith no solo ha revivido uno de los calibres de observatorio más laureados de la historia de la cronometría, sino que ahora lo lleva a un nuevo nivel de exclusividad.
La casa de Le Locle inaugura su programa «Double Signed» con una colaboración que une la herencia suiza con la meticulosidad de la relojería independiente japonesa: el Zenith G.F.J. Calibre 135 Double Signed with Naoya Hida & Co. Esta alianza rinde homenaje a la época dorada de las esferas firmadas conjuntamente, pero reinterpretada a través de la estética sobria y purista de un artesano contemporáneo de culto.

La apariencia de este guardatiempos de 39.15 mm en platino respira la inconfundible identidad de Naoya Hida. La caja, con un grosor de apenas 10.5 mm, presenta asas escalonadas y un bisel pulido que enmarcan una esfera de plata maciza verdaderamente excepcional.

El sello del maestro japonés se hace patente en los índices, marcadores y las dobles firmas, todos ellos grabados a mano por el artesano Keisuke Kano y rellenados con laca urushi en un tono azul profundo que casi roza el negro. Las agujas de horas y minutos, mecanizadas en oro macizo y pulidas a mano, acompañan a un pequeño segundero a las 6 en punto, fabricado en acero azulado al calor.

El corazón de esta pieza es, por supuesto, el legendario Calibre 135. Originalmente desarrollado por Ephrem Jobin en 1948 y dominador absoluto en los certámenes de Neuchâtel durante la década de 1950, este movimiento de cuerda manual ha sido reestructurado para integrar mejoras contemporáneas.
El generoso volante sigue latiendo a sus clásicas 18,000 alternancias por hora, conservando la curva terminal Breguet en la espiral y el distintivo regulador de doble flecha de Charles Fleck. Ahora, con una reserva de marcha ampliada a 72 horas, mecanismo de parada de segundero y certificación COSC, el movimiento exhibe un acabado impecable con franjas de Ginebra, achaflanado a mano y un tratamiento de rutenio oscuro.



Para complementar esta fusión cultural, la manufactura entrega la pieza con tres correas de marcado carácter nipón: una de piel Himeji Kurozan rematada con laca urushi tradicional, una de piel de Wagyu elaborada a mano en Kioto, y una tercera en denim índigo de Kaihara.
Limitado a una estricta producción de tan solo 10 piezas en todo el mundo, este modelo tiene un precio de 58,900 francos suizos, consolidándose como un auténtico objeto de deseo para los coleccionistas que buscan la intersección perfecta entre el rigor histórico y la ejecución artesanal independiente.