El Laureato de Girard-Perregaux surgió en un momento crucial y sumamente turbulento para la relojería moderna. A mediados de la década de 1970, en plena crisis del cuarzo, la industria suiza se vio obligada a reinventarse.
Lejos de sucumbir, Girard-Perregaux tomó la delantera: en 1971 desarrolló el movimiento de cuarzo de alta frecuencia que estableció el estándar de 32,768 Hz, una innovación técnica que sigue vigente en toda la industria hasta el día de hoy. Fue en 1975 cuando esta hazaña técnica encontró su hogar definitivo dentro del primer Laureato, combinando una precisión absoluta con una identidad arquitectónica sumamente distintiva.

Desde sus orígenes, el diseño del Laureato se planteó con una claridad visual innegable. Totalmente concebido y desarrollado in-house, su lenguaje estético se volvió reconocible al instante gracias a una magistral interacción geométrica: un bisel octogonal que descansa sobre un zócalo circular, integrado a una caja en forma de tonel y un brazalete que fluye sin interrupciones.
Este diseño logró el equilibrio perfecto entre elegancia, proporción y una sólida presencia deportiva. Hoy, en medio de la marcada tendencia del mercado por los relojes de lujo en acero con brazalete integrado, el Laureato ofrece una ventaja comercial contundente: una disponibilidad mucho más accesible frente a las impenetrables listas de espera de otros modelos similares de la época, permitiendo a los coleccionistas disfrutar de un icono sin los sacrificios que impone la saturación del mercado.



Cincuenta años después de su debut, la Maison no busca redefinir la colección, sino explorar y celebrar su identidad perdurable a través del nuevo Laureato Fifty. Esta entrega presenta cuatro nuevas referencias que destacan por sus proporciones refinadas, un nivel superior de artesanía y ejecuciones excepcionales en cada carátula. Laureato Fifty introduce un grado elevado de sofisticación relojera, intensificando el diálogo entre los materiales y la geometría.
La colección se expresa a través de dos dimensiones que respetan el espíritu de la pieza original. Los modelos de 39 mm enfatizan la profundidad y el juego de luces a través de una impresionante carátula de esmalte azul profundo de manufactura propia, aplicada sobre el clásico motivo texturizado «Clous de Paris».

Asimismo, se presenta una sublime carátula en tono oro rosa de 18 quilates, cuya superficie crea un fascinante abanico de reflejos que oscilan entre la calidez y las sombras. Por otro lado, las versiones de 36 mm ofrecen una interpretación más íntima, equilibrada y fiel a las proporciones originales. Esta silueta más compacta incluye una variante con carátula en tono oro rosa, y una luminosa versión con carátula en tono plateado pulida a espejo, enmarcada por un bisel engastado con 64 diamantes talla brillante.
El corazón que da vida a este hito es el Calibre de Manufactura GP4800, un movimiento automático manufactura definido por su equilibrio y precisión. Este calibre opera a una frecuencia de 4 Hz y ofrece una reserva de marcha de aproximadamente 60 horas.

Como un guiño exclusivo a este lanzamiento, el puente del volante —visible a través del fondo de zafiro— está fabricado en oro rosa, aportando una rica identidad visual al mecanismo. Terminado con diez técnicas artesanales distintas que van desde el pulido y achaflanado hasta las Côtes de Genève, el movimiento reafirma que el Laureato sigue siendo la expresión más rotunda de los 235 años de experiencia de Girard-Perregaux en la Alta Relojería.




