Con el lanzamiento del Blancpain Ladybird Colors Diamond Bloom , la manufactura abre un nuevo capítulo en donde la alta relojería y la alta joyería convergen en una sola obra.
Esta nueva iteración, disponible en oro blanco y oro rojo , se concibe como una superficie continua por la que fluye la luz sin interrupciones gracias a la técnica del snow-setting, logrando un resplandor dinámico que evoca el reflejo del sol sobre la nieve.

Para comprender la verdadera magnitud de esta pieza, es fundamental mirar hacia el profundo legado de Blancpain en la relojería femenina. Entre 1933 y 1967, Betty Fiechter tomó las riendas de la Maison, convirtiéndose en la primera mujer en ser propietaria y directora de una firma relojera suiza.
Su liderazgo sentó las bases para el nacimiento del Ladybird en 1956. En una época en la que los relojes para mujer se concebían principalmente como accesorios de joyería, el Ladybird rompió paradigmas al colocar la auténtica innovación relojera en el centro de su diseño , albergando el calibre R-52, que con sus 11,85 mm de diámetro era el movimiento mecánico redondo más pequeño del momento.

Esa innegable legitimidad mecánica late con fuerza dentro de la caja de 34,90 mm del nuevo Diamond Bloom. El reloj está impulsado por el calibre automático 1163L , un refinado motor que garantiza unas notables 100 horas de reserva de marcha. Visible a través de su fondo de cristal de zafiro, el movimiento exhibe una clásica decoración Côtes de Genève, manteniéndose fiel a los exigentes estándares de acabado de Blancpain.
En la carátula, la tradición se hace presente con un pequeño segundero a las 6 horas y la icónica complicación de fase lunar, un elemento intrínseco de la identidad estética de la marca desde la década de 1980. Fiel a su espíritu, la luna nos muestra un rostro marcadamente femenino, con los ojos cerrados, pestañas maquilladas y un delicado lunar de belleza.

El trabajo artesanal en el exterior es un despliegue de absoluta destreza técnica, dictado por el engaste snow-setting. Esta técnica, considerada una de las más complejas en la alta joyería, requiere situar cientos de piedras con extrema precisión para eliminar visualmente cualquier rastro de superficie metálica. Cada reloj reúne un total de 919 diamantes (4,794 quilates) , que se distribuyen magistralmente por la caja, el bisel, la carátula y la hebilla , coronándose con un diamante talla rosa de estilo antiguo en la corona.

El lienzo perfecto para esta composición lumínica es una esfera de nácar perlado absolutamente única. Este material excepcional, que proyecta sutiles reflejos verdes y rosados característicos de la familia Ladybird Colors , se extrae exclusivamente de la zona central más curvada de conchas cultivadas específicas. Su rareza es tal que representa menos del 2% de todo el nácar utilizable que se extrae de una concha.
Sobre esta exquisita textura granulada, los números romanos pintados a mano aportan estructura a la composición, mientras las emblemáticas agujas caladas en forma de hoja de salvia marcan con elegancia el paso del tiempo, reafirmando a Blancpain como un maestro indiscutible del arte relojero dedicado a la mujer.